domingo, 13 de diciembre de 2009

El Hipermodernismo (I)

Foto: Izda: Nimzowitch. Dcha: Tartakower

En la década de los años veinte del siglo XX se produce un punto de inflexión y surge un nuevo movimiento en el panorama del ajedrez mundial. Nos referimos al denominado según Tartakower "Hipermodernismo", que tan bien describió en su obra "La partida hipermoderna de ajedrez". Estas nuevas ideas ajedrecísticas nacen de la mano de Breyer, Reti y Nimzowitch, como muchas otras por oposición a las anteriores, en este caso a las ideas del clasicismo ajedrecista del siglo XIX liderado por Tarrasch. El gran maestro y erudito Ruben Fine, en "The world's great chess games", explica claramente como se inició este movimiento con las siguientes palabras:

La escuela hipermoderna fué esencialmente una revolución contra el rígido formalismo de Tarrasch y sus seguidores. Tarrasch, aunque un gran hombre de su tiempo, llegó a ser bastante pomposo y autoritario en sus últimos años, y esperaba que todo el mundo le reconociese como el hombre que había resuelto todos los problemas teóricos del ajedrez. Los hipermodernos se rebelaron contra ambos, el hombre y sus ideas. Tarrasch hizo una versión simplificada de la teoría del ajedrez. El blanco debe abrir su juego con "e4" o "d4"; quienquiera que ocupe el centro y se desarrolle más rápidamente alcanza mejor juego.
Así no, dijeron los hipermodernos, no es la ocupación del centro lo importante, lo que cuenta es su control. De hecho es frecuentemente desventajoso ocupar el centro demasiado pronto, porque la ocupación a ultranza puede constituir un reto y convertirse en una colección de debilidades para los contendientes.
¡Después de "e4" el juego de las blancas está en su último aliento! Gritaba Breyer con la típica vehemencia hipermoderna. Desde el control es mejor la ocupación, razonando que es mejor el desarrollo de flanco. Por lo que todas las variantes de fiancheto surgieron en ese momento, tanto para las blancas como para las negras, constituyendo gran parte del moderno repertorio de aperturas.
El desarrollo, continuaban los hipermodernos, no necesita ser forzado demasiado pronto, como los viejos maestros habían enseñado. De hecho las normas clásicas habían encorsetado demasiado el ajedrez. La norma que ellos preferían era: La apertura debe ser tratada como si fuera el medio juego. Todos los movimientos de apertura tienen que hacerse con arreglo a un plan preconcebido. La estructura de peones debe ser creada mirando el final de partida.
Esta revolución enriqueció el ajedrez enormemente. Pero hubo un momento en el que llegaron demasiado lejos. La antigua norma de ocupar siempre el centro se sustituyó por una nueva, no ocuparlo nunca.

Reti quiso ver, en el ajedrez, la larga lucha en el mundo de las ideas. Escribió en 1929: " Hoy vemos en el ajedrez la lucha del emergente Americanismo contra la intelectualidad de la vieja Europa. Una lucha entre la técnica de Capablanca, a cuyo juego virtuoso no se puede encontrar nada tangible que objetar y entre los grandes maestros europeos, todos ellos artistas, que tienen las virtudes y los defectos de los artistas en el tratamiento del objetivo al cual dedican sus vidas: Experimentar y esforzarse en llegar al fondo, pasando por alto lo que tienen al alcance de la mano."
Este crudo ataque contra el Materialismo Americano, típico de los años veinte, no puede ser hoy tomado en serio. Pero si así fuera, lo que Reti no debió olvidar es que el ajedrez no es más que un juego, y que en este la última decisión no es una mera especulación, sobre el tablero es cálculo y razonamiento. Por esta razón los principios generales nunca pueden tener la misma importancia en el ajedrez que en otras formas de arte.
No es, ahora lo se, ni el control del centro ni la ocupación del mismo, esto depende de la posición. En unos casos el control es mejor, en otros casos no. La decisión final está en las variantes, no en la teoría. Esta es la actitud hoy en día.
Pero si no hubiese sido por la revolución hipermoderna, el ajedrez no hubiese evolucionado desde el viejo formalismo al eclecticismo que lo caracteriza en la actualidad. (1955)

Quedan así claramente definidas las características de la Escuela Hipermoderna y su situación en la historia del ajedrez. Con ella aparecieron sobre el tablero la ideas del dinamismo y la del nuevo concepto de lucha por el centro, que abordaremos en próximos artículos.